Vino con matices

Reconozco que en el tema del vino se me escapan muchos conceptos y matices. Disfruto de cada trago y aprecio los buenos vinos, que no los caros. En esto del vino, como en casi todo en la vida, hay que recurrir a expertos o entendidos en la materia y dejarse aconsejar. Eso sí, siempre con un poquito de nuestra aportación y nuestros gustos, pues cada paladar es un mundo.

Recientemente uno de esos expertos que tengo como  referencia en el mundo del vino me regaló una botella de Verum Roble 2012, Vino de la Tierra de Castilla. Un vino que se ha colocado en el número 9 de los 100 de los mejores vinos tintos españoles de su categoría en el concurso de vinos “Best of Spain Top 100 Prowein 2016” organizado por la editorial MEININGER en Düsseldorf. Para los más vagos, esto de los galardones y referencias ayuda a posicionar y, sobre todo, ayuda a los buenos vinos (independientemente de su precio) a darse a conocer. Y es que últimamente los vinos de Castilla La Mancha lo están petando en cuanto a galardones y reconocimientos, tanto a nivel nacional como internacional.

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Bodegas Verum en Castilla La Mancha (Tomelloso, Ciudad Real) es quién está detrás de este vino con el toque justo de roble y fruta. Un vino con carácter resultado de la unión de tres variedades y su paso por barrica de roble francés. Frescura, elegancia y expresión. Con un color cereza y un aroma con toques de pimiento rojo y frutos negros, en boca presenta una acidez bien marcada y tanino dulce. Además de un carácter de pimienta blanca, cuero y vainilla.

Los 6 meses de barrica le aportan complejidad, estructura y armonía. Y sus tres varietales, Cabernet Sauvignon, Tempranillo y Merlot, hacen que sea un vino tinto bueno con diversos matices. Queda mucho por aprender, por explorar y por descubrir. Pero para ello hay que hacer callo e ir probando diferentes vinos y variedades, alejarnos de los tópicos y, a veces, incluso arriesgar.

Y hablando de tópicos, y contradiciéndome,  a veces hay que escoger bien e ir a lo seguro y a este Verúm Roble le iba una carne roja. Lo pedía a gritos. Así que para la ocasión escogimos acompañarlo con un chuletón poco hecho de La Taxuela (Medina de Pomar, Burgos). Homenaje redondo para una comida familiar en el entorno donde se asientan mis raíces castellanas (y carnívoras).

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