FIN

Engañaría si dijera que es un cierre o una parada (me gusta más llamarlo así) repentina fruto de una decisión o un cambio radical tanto personal como profesional.  Lo cierto es que la cosa ha sido muy progresiva, en el último año había escrito muy pocos artículos en el blog debido a una ajetreada vida profesional y personal que no hacía compatible la escritura y dedicación de este cuaderno tal y como lo había entendido desde los comienzos. Y es que aquello del Slow Flood a mí me gustaba llevarlo al slow blogging, escribir con profundidad, con sentimiento, siempre y cuando lo considerara necesario. Es lo bueno de ser un hobby, no hay ataduras ni compromisos. Bueno, quizá esto último un poco sí. Me explico, siempre que iba a un sitio o recibía algún reclamo no escribía sobre él, si así fuera tendría que sentarme cada lunes, y no tan lunes, a escribir y dedicar el día completo a ello, a comentar mis experiencias gastronómicas de la anterior semana o del día anterior. Habría que hacerlo como a mí me gusta, tranquilamente, con un café y buscando las mejores palabras (y también las mejores fotos). Resulta inviable cuando no es tu actividad profesional principal.

Todo ello unido a que, en cierto modo, sí se ha profesionalizado. En los últimos dos años he empezado a escribir para otras publicaciones. Y, reconociéndolo, le sabe mejor a una escribir, con sentimiento sí pero, con una transacción bancaria de por medio. No solo sabe mejor, sino que dignifica un poco más el trabajo, al menos en mi opinión.

También está el componente mercado. Un mercado cada vez más saturado en el que cuesta diferenciar lo real de lo ficticio, la crítica gastronómica de la reseña o el ego del autor de los detalles importantes. Un mercado donde, en cierto modo, se ha dejado de leer, de pararse a escuchar e incluso a leer entrelíneas. ¡Con lo bonito que es! Ya sea porque no hay tiempo, no hay ganas o las palabras que leemos no nos lo permiten.

En realidad no existe un motivo para dejar de escribir. Existen muchos. Proyectos personales y prioridades que han ido cambiando. Algunos son compatibles con escribir aquí sin tapujos lo que te nace o te conmueve, lo que me sorprende gastronómicamente (para bien y para mal). Pero hay proyectos y prioridades que no son compatibles. Me ha llevado mi tiempo dar el carpetazo definitivo (o quizá no tan definitivo),  pero, afortunadamente, hay otras muchas cosas que están en mi cabeza. Y otras tantas que no están porque ahora no tienen espacio. Pero la intención es que lo tengan.

Así es que un cúmulo de circunstancias y razones me han llevado a la decisión de cerrar, quién sabe si temporalmente o no, este espacio que empezó casi por casualidad y sin grandes pretensiones. Le debo mucho a este blog y me quedo con todo ello. Amistades, enseñanzas y un continuo aprendizaje gastronómico, literario y digital. Aquí lo dejo para que no se pierda. Para que se quede obsoleto el contenido, pero nunca las palabras. Ni, por supuesto, el sentimiento.

Olalla Salazar

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