Cata de latas

En los últimos años hemos asistido al resurgir de las latas, las de conserva. Benditas latas que sacan a uno de un apuro. Lo bueno de que se junte un poco dicho resurgir con el boom gastronómico es que ya no tienen por qué ser latas de conservas de poca calidad o solo para salir del paso, hoy las tenemos de altísima calidad en las mejores tiendas gourmet e incluso supermercados. Como dice Óscar Sobrino, de Conservas La Brújula: “solo hay que fijarse bien y saber un poco. La magia de una lata de conservas es que es una cápsula del tiempo, donde el producto permanece impertérrito y en su máximo esplendor con el paso de los años”.

Pues bien, con esta finalidad y con muchas ganas de buen producto, acudimos el pasado martes a la cata organizada por Vinoteo. Cumplió y superó expectativas. Allí nos encontramos con los vinos de Finca Montepredroso (Rueda) y  Cantos de Valpiedra (Rioja) que acompañaron un gran homenaje gastronómico en forma de conservas. No solo por la calidad del producto, sino también por la elaboración de las tapas. Pasen y vean:

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Tex Mex de Sardinilla. Sardinilla de las Rías Baixas sobre un nacho, con jalapeño, encurtido de zanahoria, guacamole y cilantro.

A base de latas de conserva se puede hacer un suculento picoteo, pero también alta cocina. Ferrán Adriá no dudó en utilizarlas y su hermano Albert incorpora las conservas de La Brújula actualmente a la carta de Tickets. Y es que son una opción idónea incluso en hostelería. En Casa Vila (Pravia), por ejemplo, una parte de su carta está basada en estos manjares del mar envueltos en su cápsula del tiempo. Juan del Vinoteo también nos recomendó visitar Quimet & Quimet en Barcelona, con una cocina a base de latas donde las más antiguas, incluso caducadas, cobran más valor.

Lo de empezar por aquella sardinilla y aquellos bocados explosivos parecía que iba a poner unas expectativas muy altas. Pero pasamos a los mejillones, fritos en aceite de oliva (otro factor a tener en cuenta) y seguíamos salivando. Se deshacían en la boca con su justa consistencia, lejos de la textura plasticosa que a veces nos tocan en algunas latas de esas de ‘salir del paso’ más que de disfrutar del producto. Después vinieron los túnidos y la gran ventresca de bonito del norte en aceite de oliva, mantequilla pura. Y cuando llegó el turno de la anchoa, bien salada y bien grande, pensábamos que ya estaba todo visto. Pero además de catarla en su estado natural se presentaron en una brocheta de fresa y con un cava rosado para acompañar, Tantum Ergo Pinot Noir Brut Nature. Redonda la experiencia señores.

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Mejillón con mayonesa escabechada y manzana verde

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Blody Mery con lámina de ventresca de bonito

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Brocheta de fresa, huevo de codorniz, anchoa y vinagre de Jerez. Excelente combinación.

Redonda la experiencia, redondas las conservas de La Brújula y redondo el significado de la cata. Y es que en una lata, hay mucho más que una conserva. Prometo no volver a volcar una lata en un plato sin estudiar bien su contenido y su ritual previo (al no ser que sea para un buen bocata de sardinillas).

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