10 tendencias o manías a la hora de valorar un restaurante

Hace unos días compartía en las redes un artículo del blog Manual de un buen vividor, un post sobre  los desvaríos, tendencias o manías de su autor sobre restaurantes y sobre  el momento ‘foodie’ que vivimos. Y mientras lo leía no podía de dejar de añadir mis propias opiniones y corroborar algunas de las ideas compartidas sobre lo que me gusta y no me gusta de los restaurantes.

Así que aquí van, a modo de barra libre,  las tendencias con las que me quedo. Aquellas que impondría o eliminaría en mi restaurante favoritoModas o manías que una va radicalizando cada vez más, algunas hasta el punto de la obsesión.

1. La luz justa, ni mucha ni poca.  Hace poco mis amigos se reían de mí por no querer ir a una cervecería que, para mi gusto, tenía demasiada luz. No puedo con la luminaria fluorescente, y menos si se trata de una cervecería. A veces es difícil dar con la luz apropiada para un restaurante. Como todo,  lo ideal es el punto medio. Pero si me das a elegir prefiero poca y más si es de noche.  No hay nada peor que el exceso de claridad en una cena. Las lámparas son la clave.

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2. Las cartas sin florituras. Sobra decir q las fotos de comida en la carta están fuera de lugar, eso mejor de lo dejamos a los países asiáticos. Pero las cartas demasiado largas con más secciones que la declaración de la renta no hacen otra cosa que apartarnos del objetivo de dejarse llevar y disfrutar. Carta sencilla y rápida. Me gustó la idea que compartí hace un año en Las Fernández, Barcelona, un local informal que bajo el título ‘Trending Topic’ enumeraban los cinco platos más demandamos o más exitosos del restaurante. Gran ayuda si es la primera vez que lo visitas y quieres probar las obras maestras de un local.

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3. No al postureo gastronómico. Y a colación de las cartas, lo que realmente apoya la lectura es la recomendación o explicación verbal bien hecha. Parece mentira que haya camareros que no sepan explicar la composición de los platos. Pero casi es peor las explicaciones petulantes, extensas y con palabras raras de las que solo queda un signo de interrogación en la mesa  cuando el camarero se retira. En mi restaurante soñado extinguiría los menús cantados, los nombres complicados y los camareros con afán de protagonismo.

4. Platos fuera de carta. Digo sí a los platos fuera de carta pese al gran inconveniente que estos conllevan, no ver el precio de antemano. Estos platos ‘pop-up’ hacen que  la oferta sea más dinámica para los que repiten visita en un restaurante y que ésta se adapte a los productos de temporada sin necesidad de cambiar la carta por completo.  Y, por su puesto, son útiles para probar su demanda y estudiar la posible inclusión definitiva.

5. Conceptualizar. No es la primera vez que hablo en el blog de la gracia de transmitir un concepto. Hay que diferenciarse y caracterizarse. Transmitir chigre, moda, carne o rollo bohemio. Lo que sea, pero concretando, que el que mucho abarca poco aprieta.  Ya puede ser a través de un plato estrella, un producto o una estética. Un símbolo en el logotipo del restaurante, un elemento decorativo como un sofá, una lámpara o una bici. Todo transmite.

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6. Cenar tarde.  Somos españoles, comemos tarde, cenamos tarde y nos gusta. Personalmente, y en esto hay demasiada diversidad de opiniones,  prefiero cenar cuanto más tarde mejor, sobre todo cuando hay que elegir entre los polémicos turnos de algunos restaurantes. Me gusta  ir a cenar a las 11 y seguir el ritual de los vinos y cañas previos sin ir atragantada porque hay mesa reservada a tal hora. Y me repatea que en algunos locales la hora límite para reservar sean las diez y media. Estamos en España, para lo bueno y para lo malo. Por eso en mi lista de restaurantes favoritos están los que cierran tarde, los que no están recogiendo el bar mientras tomas el postre y los que te dan la opción de tomarte la primera copa de sobremesa, ya sea en la misma mesa o en otra zona del local.

7. Menos es más. No a la sobrecarga decorativa, al falso moderneo de los negros, los morados y los plateados. Las tendencias están para seguirlas.  En cuanto a decoración, los restaurantes piden  comedores urbanitas e informales y estilos como el boho o el rústico. Se ve cada vez más, por ejemplo, las mesas sin mantel. Un sí rotundo por mi parte a currarse una estética que aúne con el punto anterior, el concepto que transmitimos. Pero también un sí al chigre o casa de comidas con su carácter propio y los esfuerzos justos  en el estilismo. Eso sí, no rotundo a las mesas y sillas de  Cocacola, no hay cosa que más rabia me dé que una terraza con potencial echada a perder por poner mesas de una marca comercial, discretas o menos discretas. Es una pena.

sin mantel

8. No al cuponing. Si un restaurante aparece en alguna de las páginas de ofertas o cupones online para disfrutar de un menú especial para dos,  lo tacho automáticamente de mi lista. Esas ofertas emergentes en un periodo concreto de tiempo solo pueden traer algo malo. Quizá sea algo radical mi postura, pero alguien que quiera que se llene su local de gruponeros dispuestos a exprimir hasta el último céntimo de su bono no creo que entienda las exigencias que otros consumidores puedan tener. Muchas veces además estas ofertas son tan exageradas que me planteo si el precio de la carta cotidianamente está tan inflado para poder ofrecer lo mismo por mucho menos.

9. Mesas redondas. Siempre que hay alguna mesa redonda en un restaurante procuro pedirla si vamos un grupo de gente, otra cosa es que te la den o no.  No hay nada mejor que una conversación de 6 cara a cara. Si bien estas mesas ocupan demasiado espacio en la estructura de un restaurante, estéticamente compensan y dan mucho juego.

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10. Teléfono, mi casa. Me gusta reservar por teléfono. Muchas veces hablar con alguien te da la idea de lo que es el propio restaurante. Hablando se entiende la gente. Si tienen platos especiales o que haya que reservar por encargo se comenta y siempre hay opción a estar bien informado. Para esto me puede la tradición. Nada de reservas on line, a través de aplicaciones o por redes sociales.

Al margen de los platos ¿qué elementos imprescindibles le pides a tu restaurante favorito?

9 Comentarios

  1. Toni

    De acuerdo en general pero añado ago. En los platos fuera de carta no les cuesta nada hacer por ordenador un papel con los precios y pegarlo a la carta como hacen en Casa Conrado.

    Y algo fundamental como que la carta tenga los precios con IVA. Cada vez es más habitual pero hasta no hace tanto era la excepción.

  2. Olalla

    Es cierto, Toni. No cuesta nada apuntar en un papel a parte los platos fuera de carta y en pocos sitios lo hacen. Incluso si es un papel escrito a lápiz o boli, en algún sitio lo he visto y tiene su encanto 😉

  3. David

    El cuponing puede ser una buena manera de dar conocer a un local o que personas puedan acceder a determinada cocina de una forma más asequible. 
    No es un fin en sí mismo, pero tampoco lo veo mal. 
    Yo también suele reservar por teléfono, pero más bien porque la gestión via web de los restaurantes suele ser un desastre. 
    Muy buen artículo

  4. Pingback: El Furacu, todo lo bueno de un chigre | A Buen Bocado

  5. Dani

    Bueno, lo de fuera de carta, en realidad SI les cuesta. Todo lo que se hace ‘extra’ cuesta y mucho. Puede que desde fuera no se perciba y se tienda a decir: si es solo imprimir lo que hay fuera de carta, o incluso escribirlo a mano, si son cinco minutos… y es cierto, pero esos cinco minutos, cuando estás trabajando al 100%, CUESTAN. 🙂

  6. Jorgynh0

    Muy controvertido el tema cuponing…

    Yo tuve buenas y malas experiencias con él. 
    Tiene que tener como objetivo el darse a conocer, bien por ser un nuevo local, bien por querer llegar a más gente. Cuando el objetivo es otro, es cuando empieza a fallar el sistema.

    Como ejemplo, decir que incluso La Salgar sacó una vez cupón Oferplan. Y la cena fue espectacular, sin diferencia alguna con una cena estándar.
    O por ejemplo los cupones que están saliendo de menús históricos de estrellas michelín, que son una buena forma de acercar a la gente a este tipo de restaurantes que de otra forma ni se plantearían.

    Y más mesas redondas!!! Siempre son un plus.

    Muy interesante esta entrada. 

  7. maltrana

    Me gusta el punto de los camareros… de hecho entre mis dos últimas experiencias favoritas están la de un restaurante peruano nikkei donde el dueño corrigió a mi acompañante en cada plato por si usaba tenedor palillos o cuchara… (¡¡ como comes el ceviche con palillos, te pierdes el jugo!!) y otro del mismo palo donde el camarero quitó literalmente un tenedor de la mano de mi amigo para cantar con todo lujo de detalles un plato que hemos comido veinte veces ( y él lo sabe)

    Muchas risas.

  8. Francisco Miranda Azurmendi

    En cuanto a la iluminación, por lo menos que se pueda leer la carta y distinguir los ingredientes que hay en el plato.

    Efectivamente, lo de los cupones te hace sospechar de inmediato, aunque los de Oferplan son otra cosa.

    Y definitivamente, que haya página web con carta para consultarla previamente…

    Puedes encontrar algunas claves del asunto en mi web temática http://www.hotelyrestaurante.com, donde recopilo artículos escritos para profesionales de la restauración.

    Felicitacione por el post.

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